21 de octubre de 2015
Argentina decide su destino
Pocas veces, quizás ninguna, ha sido más confuso y complejo el panorama electoral y el destino de nuestro país desde que la Democracia llegó, gracias a Dios, para quedarse. La histórica alternancia peronista-radical, está en tela de juicio. Tanto puede continuar como que puede comenzar a dar un giro del que no tenemos ninguna experiencia histórica y que, por lo tanto, no es comparable en su eficiencia o una eventual ineficiencia. Al respecto, cualquier afirmación es imposible de ser confirmada. Sólo los fanáticos, los ignorantes o los espíritus pagados pueden suponer que esto sea bueno o sea malo. Nadie lo sabe, aunque quiera presumir que sí.

Sólo hay dos alternativas reales y concretas, y ambas son un interrogante. El Frente “Cambiemos”, liderado por el PRO de Mauricio Macri y acompañado por la UCR y la Coalición Cívica, desarrolló su campaña esperando que la ciudadanía acompañe un intento de gobernar de manera distinta a las alternancias nacidas al calor de los fracasos repetidos.

Por su parte, el Frente para la Victoria, construido sobre la base del peronismo oficialista cristikirchnerista y una trasversalidad que agrupa desde movimientos piqueteros, pasando por nacionalistas de izquierda y hasta el Partido Comunista, está liderado electoralmente por el candidato (Daniel Scioli), que no hubieran querido pero que era el único que les podía dar el triunfo, aunque ese triunfo tenga en su matriz el riesgo de su propia destrucción.

Todos sus integrantes, desde el propio Scioli hasta Cristina Fernández de Kirchner, hacen esfuerzos sobrehumanos por mostrar que lo que importa es “el modelo”, mientras que ambos, a través de sus primeras y segundas espadas políticas, se chicanean en una pulseada que inevitablemente terminará con uno de los dos derrotado. “El Modelo” es una expresión extremadamente genérica que no incluye los mismos pensamientos.

El peronismo nunca aceptó ni aceptará sistemas de doble comando. Eso sólo fue posible entre Cámpora y Perón, porque Perón así lo quiso y durante un breve espacio de tiempo. Y Cristina no es Perón, aunque sus seguidores más fieles así lo sientan o lo deseen.

Si Scioli alcanza la Presidencia, la pulseada, más allá de las formas más o menos prolijas de ambas personalidades, se desatará y el país todo pagará costos por ese enfrentamiento. La historia así lo demuestra. Y, muchas veces, los costos han sido muy elevados, tanto entre ellos mismos como para el resto de los ciudadanos que no responden a sus expectativas políticas.

Pero hay también otro interrogante inmenso y que, de cualquier manera, dará a luz el 25 de octubre a la noche. Ese interrogante es la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires.

Existe la posibilidad cierta de que la candidata del Frente “Cambiemos” se alce con el triunfo en el distrito más poblado y políticamente más poderoso del país. Si así fuese y el próximo Presidente fuese eventualmente Daniel Scioli, existiría una situación inédita para la historia de nuestro país. Gobernar la Nación y no tener acceso al poder directo que supone la Capital Federal, la Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, será por demás complicado. Especialmente si a eso se le suma la “pulseada” entre Scioli, Cristina y los partidos y movimientos sociales transversales del cristikirchnerismo.

En sentido contrario, si el triunfo cayera en las manos de Aníbal Fernández, con todo lo que eso implica por las sospechas jurídicas que sobre él existen en cuanto a una presunta relación con el narcotráfico y por su dependencia con un cristikirchnerismo que intenta darle alguna aparente protección judicial con la denunciada colonización de diversos juzgados, también será un escenario complicado para Scioli, aunque sus palabras siempre transiten caminos de acuerdos y conciliaciones que parecen muy difíciles, especialmente si hay un porcentaje del país ultrakirchnerista al que cuatro años le parece una distancia tan inmensa como sería transitar el desierto sin agua.

Así, quizás nunca tanto como ahora, el votante debería pensar muy bien dónde deposita el voto de sus aspiraciones, aun sabiendo que los tiempos por venir serán complicados, que deberán tener un liderazgo fuerte y simultáneamente conciliador para evitar confrontaciones que harán más complicado el proceso de búsqueda de inversiones y dinero para recomponer una economía que inevitablemente deberá atravesar un primer desierto por la dilapidación del agua que quedaba.

Nuestro país necesita desesperadamente un estadista para que aquella frase de Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” se haga realidad y logremos crecer y convivir con diferencias pero sin odios ni muertes. Hoy, no sabemos si lo tenemos y sólo el ejercicio del poder lo demostrará.



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